C. SOMALO/LOGROÑO CANAL CASTELLANO. GOBIERNO DE LA RIOJA Mayo 2007
El actual bibliotecario del monasterio de San Millán de la Cogolla ha encontrado la obra entre los originales hallados en el proceso de catalogación de los fondos.
El padre Juan Baustista Olarte, bibliotecario del monasterio de San Millán, descubrió el manuscrito durante el proceso de catalogación. «Se trata de una obra de Racine, muy bien traducida del francés, muy fiel al original. Pero no es una obra conocida. No figura tan siquiera, según apuntó Olarte, ni en el catálogo de las obras completas de Jovellanos», afirma.
La única referencia que existía al respecto es una pequeña nota a pie a finales del siglo XIX donde se dice que hay dos manuscritos conocidos, uno de Madrid que le atribuye la traducción a Medina Sidonia y otro de la Universidad Menéndez Pelayo que la atribuye a Jovellanos.
La aparición del manuscrito tiene unos orígenes similares a otros documentos sobre el insigne ilustrado asturiano y un fraile pariente del mismo.
Según Olarte, «hay una pequeña serie de pequeños manuscritos de la familia Jovellanos que llegan aquí a través de un fraile llamado Braulio Cónsul Jove, supuesto pariente». Jovellanos, según explica el padre Olarte, no cita en sus diarios a este fraile que luego terminó ejerciendo en Villaverde y Cárdenas.
El manuscrito no se llegó a editar nunca ni aparece en ninguno de los catálogos conocidos ni en las obras completas de Jovellanos. Tampoco consta si llegó a estrenarse en aquella época en España.
Jovellanos e Ilustración
El contexto de aquella época de juventud de Jovellanos coincide con los precursores de la Ilustración en España, «y con personajes tan curiosos como el político Olavide».
Nos situamos en una época, 1769, en la que Jovellanos «tenía 26-27 años, y había llegado a Sevilla, donde se junta con Medina Sidonia y Olavide». Medina Sidonia había sido embajador en París «y viene contagiado por las ideas de la Ilustración y Olavide, -cuenta Olarte-, había convivido una semana con Voltaire y se había aficionado a las tragedias francesas».
Los tres personajes en cuestión (Jovellanos, Medina Sidonia y Olavide) se juntan en Sevilla. «Allí pusieron en marcha las corralas, los teatrillos para la gente más selecta y estrenar obras. También, añade Olarte, «crean una escuela de dicción porque el habla de los sevillanos les parecía poco universal».
A partir de este movimiento «los Reales Sitios de Aranjuez, donde también había teatrillo para la Corte, piden a Sevilla que les manden actores entrenados en la buena dicción y obras». La traducción de Jovellanos no se sabe si llegó a estrenarse. Una aportación a la obra literaria.
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